quinta-feira, 14 de fevereiro de 2008

De aquella tarde

Sucumbí ante lo irracional
a la luz de tu piel desnuda,
al antojo de lo carnal
de aquel tibio rincón a oscuras.

Casi al borde de enloquecer
al sentir tu piel y la mía,
al juntarse y al no ceder
nuestros cuerpos en demasía.

Aún sin alas para volar
nos soñamos fuera del mundo
tras el nexo tibio y profundo,
cuando te abres y logro entrar.

Fuimos dos queriendo ser uno
en un baile por más sensual...
en compases suaves y duros,
sin aliento de tanto amar.

Y volvimos rendidos ambos,
mojados por más que sudor,
extasiados de amarnos tanto...
de lo que nos dictó el amor.

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