En una aldea, que podía ser la de mi tierra,
Había una haraposa con el corazón en la boca,
Repugnaba todo el mal y toda la guerra,
Y por ser as´´i era conocida como loca.
Los aldeanos corrían atrás de ella por la sierra,
intentando amedrentarla y mantenerla moza,
Le empujaban los hartos cabellos, que no erra
la mano maliciosa, que del mal se encuentra.
Por todo lo que le perguntaban ella cedía,
Hablaba de su vida y de sus senos,
hasta que vino el fatídico y desastroso día,
En que hablando de sus cosas puestas en cheque
El buen nombre suyo, por defender sus no…
Haya aquí quien, por hablar, también no peque.
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