Nacemos, morimos e después nada.
Hay quién juzgue su vida reencarnada,
Por todo, por nada, hábitos
De siglos, que nos hace estrábicos.
La muerte quita y no devuelve, es completa.
Y si acaso fuego o azufre nos atiza,
En los últimos suspiros, es para que no
Olvidemos que la vida es una suposición.
Nada nos salva aquí, llegando
La hora, y, aún que prevariquemos,
Todos somos iguales llegado el momento,
Y la muerte llamandonos, nunca falla.
La muerte es definitiva, no somos ni luz
Ni reencarnación, y si esto seduce,
Es porque ellos no saben ni piensan,
Que la vida es un estado en que adensan
La curiosidad y el misticismo novelero,
Proliferando la fantasía y el incesto,
Haciendo de nosotros muñecos de barro,
Y ni tenemos derecho a nuestra propia cama.
Jesus dijo: levantate y anda! como,
Si la muerte yá fuese segura; no hay tomo
Que valga, para justificar tal disparate,
Que más parece revista de escaparate.
Sem comentários:
Enviar um comentário