Ah! que gusto, ver el río correr sin prisa,
Sentir del azul del cielo la libertad que acecha,
En todo su esplendor, con que lanza
El azul cristalino y sutil, que en el agua se echa.
Oh! mi querido río Tajo, ¿quién te olvidó,
De tiempos ídos, tu fulgor y la perpetua
Voluntad? Hasta de los pescadores se desvaneció
La historia tan tuya, la importancia dominguera.
Hoy tus aguas están sucias y nada
Ni nadie ya te nota; me parece
Que si los políticos fuesen de índole refinada,
Tus aguas brillarían al sol de la madrugada
Y no estarían como ahora, por un hilo,
A punto de entregarse, completamente.
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