A la llegada, con mi locura,
Cierro todas las puertas de mi cuarto,
Para alcanzar de aquí la lejanía,
Como en un largo y loco parto.
Mi pecho jadea de insensatez;
Mi corazón late desacompasado;
Y yo temo la propia mudez,
En un error qualquiera, por mero lapso.
No! No quiero más esta droga
Ni el vino, que sueles ofertarme,
Quién es amigo del que mucho ruega
Atención para sus bisuterías!
Si algo quereis aquí darme,
Que sean las própias alegrías
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