quarta-feira, 17 de outubro de 2007

LA CUMBRE...

Rumbo hacia la cumbre de su vida,
el hombre en denodado sacrificio,
transita por senderos escabrosos.
Lágrimas sin llanto gota a gota,
transpira cada poro de su cuerpo.

Trayecto que lo deja sin aliento,
con la boca reseca sin saliva;
agrieta la tersura de su piel,
que arruga luego con los años;
ojos que otean en tinieblas,
perlas que caen al vacío;
hebras canas junto al viento,
raudas vuelan en su huída;
muros grises de lamento,
tropieza entre las piedras;
sangran y supuran las heridas,
que cicatrizan con el tiempo...

Ruleta indolente de estaciones,
implacable gira en su rutina.
Seduce a un cuerpo ladronzuelo
que hurta horas al reloj,
aferrándose al juego de la vida
como empedernido jugador
y obstinado insiste en ascender,
arrastrando lerdo entre peldaños:
sueños, ilusiones y sus huesos,
con joroba a cuestas.

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