Azules las aguas, que a mis ojos se revelan;
Río temeroso de la história de sus muchas conquistas;
Hoy, mar muerto, que las gaviotas velan,
Cuando en alto vuelo se parecen a trapecistas.
Ya no es el río de mi aldéa, este que veo,
Parece desorientado y ciego, sin tener adonde ir;
Y las recordaciones de niño es todo lo que anteveo
Para este río, que, de vez en cuando, se pone a reír.
Ríe de la ignorancia del hombre, construyendo fábricas,
Sin preocuparse con sus aguas ya poluidas;
O talvez ría para no llorar de sus secas estrábicas.
Corre, mi lindo río, hacia donde te llevan las aguas;
Que tus olas tornasoladas no sean sentidas
Ni contengan en sí las más grandes congojas.
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