Rozo suavemente con mis labios,
aquella seductora copa de cristal.
Navego en su néctar embriagante,
cual delfín nadando en alta mar.
Camino por un sendero sin pisadas,
que egoísta hago mío en el andar.
Asciendo a la luna en mi burbuja,
resistente como concha de tortuga.
Descubro un firmamento despejado,
sin nubes, lloviznas, ni tormentas.
Observo a la distancia una banca,
cordialmente me invita a descansar.
Asiento mi carne con sus huesos,
revolotea mi mente entre utopías...
¡Qué locuras las que escribo!
Que si es poema o no lo es...
si se ajusta a las pautas literarias...
que los críticos critiquen: ¿y qué?
Se levanta mi pluma en rebeldía.
Lean bien reverendos eruditos:
mi musa no acepta norma alguna,
escribe en absoluta libertad.
Considero poesía aquel sentir,
emergente de mi alma soñadora,
que al desnudo plasmo en un papel.
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